Un poco puede ser por la moda, porque con tanta imagen posmodernoza a uno le pueden hacer creer que es lo mejor. Está bien, puedo entender esa parte. El tema es por qué se masificó de semejante manera… ignoro la estadística pero debe ser de uno cada dos como mínimo.
Realmente me cuesta entender que habiendo una paleta tan interesante de colores, mucha gente (cuando escribo “mucha gente” quiero decir “muuucha gente”) elija cubrir su 0 km. color gris plata, gris plomo o cualquier otra variante del gris metalizado.
El filósofo Marcelo Banegas, alias el cariñoso de Suipacha, me lo hizo notar en un semáforo de la 9 de julio, y de ahí en más la observación cotidiana no dejó de sorprenderme y casi entristecerme la mirada.
¿Qué hay detrás de la elección de un auto color gris? ¿Por qué? ¿Cuál es el fetiche, Dr. Froy? No alcanzo a comprender a aquellos elegidos que teniendo a mano un rojo punzó, un negro azabache, un verde musgo, hasta un blanco-blanco, tipo dientes de Luli Zalazar, dicen con tono seguro y firme: – “Lo quiero color gris plomo”.
Se que con esta nota sigo cosechando enemigos, pero más que un ataque al gusto de los felices propietarios, ruego que esta reflexión en voz alta se tome como una inquietud, una incertidumbre, un signo de “exijo una explicación” condorioniana que me tiene estupefacto, preso de un intríngulis oscuro, casi plomizo.
Sera porque cuando llegas al concesionario ansioso por llevarte ese rojo punzo que soñaste toda la vida o el beige savhanae con el que venís imaginándote en la ruta que une la Botija con Beazley, escuchas una voz socarrona que te dice “Ese color no lo tenemos… pude llevarse este hermoso gris perla, o puede esperar entre 60 y 120 días* que nos llegue su color”.
(*Lease 120)