Zamarrealo hasta que se despierte

“Estás triste pichón,

y se te nota.

Que vachachere…

nos tallaron el modelo en minicuotas.

Ojalá que un día de estos,

de tormenta existencial o aburrimiento,

desenchufés el vividor automático,

y empecés a mirar por los poros…”

Se los puede ver en las cornisas, manitos al bolsillo y moviendo el culo de acá para allá, tratando de mantener el equilibrio.

Comparten con los filósofos el amor por saber, la pasión por el signo de pregunta y el pispear lo prohibido.

Los diferencia el lugar: un parafilósofo anda siempre por los bordes, y no persigue más verdad que la que dicta la intuición y la experiencia.

Sus explicaciones suelen ser caprichosas y molestas, y no lamen las ojotas del San Pedro de la ciencia.

Pueden ser teóricos o prácticos. Pueden inducir, deducir o inventar, pero lo que nunca pueden dejar de hacer es crear, hacer de la intuición un faro, y del humor un sexto sentido.

Sin más LSD que lo que sueñan (una pena), escriben a contramano, sin lenguas en el pelo, y casi siempre desde la emoción más rea. Putean cuando hay que rezar y hacen que el sentido común sea tan divertido como mirar un partido de golf por televisión.

Están diseñados para mirar por los poros las rendijas del decorado. Son fundamentalistas por capricho propio y como buenos negociantes se venden al peor postor.

Todos tenemos al menos uno, por eso si estás entre volver y no volver, zamarrealo un rato hasta que se despierte y después me contás.

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Una nota rápida sobre la encuesta de hoy.

Para los que se preguntan quién es Claudio María Dominguez, les dejo el link a su blog en infobae Espiritualidad Diaria

no hay una forma de explicar este tipo, para Gliptodonte es una criatura mágica, para mi es un completo idiota que abusa de sustancias. Está en ustedes votar y acercanos a la verdad de la manada. si quieren desarrollar al respecto, los comentarios aquí estan siempre abiertos.

saludos a todos

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Confesiones de una feminista

(Cualquier semejanza con la realidad es puta coincidencia)

Dice que una noche de verano se cansó de ella misma, manoteó la cajita musical que no supo planear desde el cuarto piso, y en el mismo acto de emoción violenta le pateó la cama al bolas triste que siempre se quedaba dormido antes del momento de ella.

Junto con el infeliz, voló el broche nacarado y dando un portazo sacudió la melena suelta, como Gloria Trevi adolescente. Mientras enfilaba para la pieza a tirar las sábanas, se despegó el jean a pisotazos y agarró del estante de arriba del ropero la pollera hippie. Asegura que oyó el ruido de rotas cadenas cuando estampó las perlas hipoalergénicas contra el espejo y debutaron en sus orejas un par de atrapadores de sueños artesanales con olor a cannabis.

Dice que por la sal del tequila no se puede acordar cómo termino esa madrugada durmiendo sobre el escalón de mármol de la entrada de su casa.

Esa misma tarde salió sacando pecho y con tranco largo por el medio de la vereda. Quiso el destino que no se cruzara ningún play móvil en su camino. Ya en la asamblea universitaria, sin pedir la palabra ni respetar el orden del día, se declaró “anarcofeminista” y juró con el índice en alto que algo crecería desde el pie. Al que le guste bien, y al que no también.

La euforia de sentirse como un pájaro libre de libre vuelo, le duró lo que dura un resfrío. Mucho  más que el tiempo que tardó en encamarse sin culpa con el primero más o menos potable que apareció (que no fue el bolas triste infelíz). Después de una batalla con pocos tabúes, mientras alejaba al pegajoso con el codo izquierdo, se estiraba hacia la mesita de luz para prender un armado y soñar con un futuro de viajes, éxito laboral y poder, bien lejos de la cocina y de los pañales.

Venía bien la historia, pero enseguida empecé a sentir que resumía demasiado, como quien quiere pasar a hablar de lo que vino después, hasta el ahora.

De una sonrisa sincera, saltó a clavar la mirada al piso, vaya uno a saber por qué siniestra imagen. Quiso desclavarse balbuceando una igualdad de derechos y logros del género, pero al no tener pañuelos ni respiración asistida, dejó de hablar del pasado, se sonó los mocos con los pañuelos descartables que ofrecí en silencio, y ya no pudo seguir esquivando el bulto.

Casi que preferiría no seguir… me da angustia ajena hablar de las 10 hs. diarias de trabajo para gastar el sueldo en alquiler, ropa, perfumes y algún que otro viaje al exterior, hasta llegar a los 40 y pico con el nido más triste que el nido vacío, porque está inmaculado, sin estrenar. Apostaría mi tordillo a que añora las estrías de un embarazo que nunca tuvo, al menos pasando el tercer mes.

No puede seguir hablando, algo desde adentro le quita el aire. Se para y sin mirarme intenta decir algo como: inseminación artificial, pero se ve que es una palabra jodida, porque le sale: ideal. Le digo que se siente y se calme pero es imposible detener semejante huida… semejante realidad.

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La verdadera historia

Bueno, tanto joder con el discurso facho-macrista, me convencieron. Ahora puedo ver la realidad, la verdadera historia, quien quiera oir que oiga…

Hace unos días encontraron a 140 santiagueños en un campo de Córdoba. Los comunistas malpensados de siempre dicen que habían sido llevados a trabajar y que estaban en situación de esclavitud, pero no es así.

La verdad de la milanesa es que la prestigiosa cerealera “Pioneer”, ha comprado campos dentro de los terminos de la ley, paga los impuestos como corresponde y da empleo al pueblo argentino que tanto lo necesita.

Los 140 santiagueños que encontraron en el campo estaban como querían… vivían en contacto pleno con la naturaleza, sin tener que bañarse como a ellos les gusta (la ducha no tenía agua), alejados de la contaminación citadina y en comunidad con otros iguales. Iguales de morochitos y todo.

Ganaban una fortuna. Para ellos $97 por día es un fangote de guita… si no tienen en qué ni donde gastarla. Además es una forma de proteger su bienestar, porque si se les paga mejor, como es gente de educación y cultura limitada, se la gastan en vicios y malavida. Más vale que tengan lo justo.

En la foto se puede apreciar a uno de ellos en su cómoda habitación jugando al tetris en horas de trabajo. Pero no importa, Pioneer les pagará igual, aun a riesgo de perder dinero.

La tierra está en buenas manos. Gente que invierte en el país y que da trabajo. ¿Qué sería de nosotros si estos cabecitas negras se apropiaran de una hectárea cada uno? Seguro se morirían de hambre porque no les gusta trabajar. Si fueron a Córdoba a andar en burro y a tomar peperina, manga de vagos.

Bueno gente, no se indignen con Pioneer ni con Dupont. Que no panda el cúnico. Tranquilos, no opinen que está todo bien y son estos negritos del interior los que hacen del país una vergüenza.

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